

Encuentros que inspiran
PEQUEÑOS GRANDES DESCUBRIMIENTOS
En Bolonia, allá por 1376, los antiguos Salaroli dictan las reglas: la mortadela es un vínculo sagrado entre maestría y gula, donde la grasa canta. Un aroma y un sabor inconfundibles que nos hablan de tiendas bajo los pórticos, de carnes elaboradas con paciencia a la sombra de las dos Torres. Hemos tomado un icono y lo hemos mirado con ojos nuevos. Mortadela, burrata y pistacho: un trío que danza en el paladar, un encuentro de sabores que te deja sin palabras.
No se pide perdón por la abundancia: se vive.
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¡Ven a probarlo!
No la llames focaccia. Es un cofre del tesoro. Masa madre, harinas de granos antiguos y una estructura alveolada que respira. La corteza dorada cruje bajo los dientes mientras el interior acoge cada ingrediente como un abrazo.
Es la base perfecta para sostener salsas ricas e ingredientes generosos. Cada pieza está hecha a mano, con paciencia y respeto por la tradición.